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Para Konvergencias: Éticas: sus mundos, sus desafíos, sus sombras.
Indrajalaneti: La red de Indra: una lectura moderna del antiguo mito védico.
Dra. Olivia Cattedra
CONICET - FASTA
Abstract: El antiguo símbolo de la mitología hindú intentará llamar la atención sobre
las distinciones fundamentales entre el concepto socio económico de globalidad y aquel
metafísico de la interdependencia, así como sus consecuencias y proyecciones sociales,
culturales y cosmológicas.
Este mundo moderno y acelerado parece desconocer que debajo de la globalidad, yace
la interdependencia; las condiciones del tiempo y el espacio virtual están intentando
sustituir la realidad tangible y descuidando sus efectos concretos, por una virtualidad
casi “mayávicai”.
En este proceso, el hombre topará, inevitablemente con un limite
marcado por la dimensión física y que lo conducirá, le agrade o no, a replantear un
antiguo tema oriental que, en particular el budismo, nos recuerda a cada instante: la
doctrina de la interdependencia.
Tal límite puede constituirse en un factor reparador para las diversas crisis vitales que
enfrenta el mundo moderno. Se deben tener en cuenta las consecuencias naturales,
aunque no evidentes de la dualidad intrínseca del mundo manifestado.
Este trabajo
intentará resaltar la vigencia de principios centrales, de naturaleza metafísica, ética y
rituales, tales como el don, la responsabilidad, que puedan revertir consecuencias
nefastas en dinámicas reparadoras en atención a la presencia tangible y concreta del
Alma del Mundo.
Desarrollo
El Avatamsaka sutra, (s III d JC), afamado texto budista muchas veces comentado, trae
a la luz un antiguo símbolo de la mitología de Indra, que es su red.
Esta imagen de la
red de Indra, que sostiene, contiene e ínterpenetra el mundo de la manifestación
adquiere una triple significancia desde el punto de vista metafísico:
“…Allá lejos en el cielo, en la morada del gran dios Indra, hay una red maravillosa que
ha sido colgada por ciertos artífices de tal manera que se extiende indefinidamente en
todas las direcciones. De acuerdo a los gustos extravagantes de las deidades, el artífice
ha colgado una singular y resplandeciente joya en cada uno de los nudos de la red. Y
puesto que la red en si misma es infinita en dimensión y magnitud, ofrece en
contemplación una maravilla.
Si eligiéramos arbitrariamente alguna de estas joyas y las
miráramos de cerca, descubriríamos que en su pulida superficie se reflejan todas las
otras joyas de la red, infinitas en numero; no solo así, sino que cada una de las joyas
son reflejadas en esta joya, y cada joya refleja a todas las demás, de modo tal que el
proceso de reflexión es infinito…”ii
La red de Indra recibe, además, el nombre de “red de perlas” (o de joyas), de Indra y es
un símbolo védico que luego se trasladó a la cosmovisión budista.
Dentro de ella, fue
desarrollado por las filosofías del Mahayana, buscando señalar la triple noción de
vacuidad, originación dependiente e interpenetración de los diversos planos de la
realidad.
El Budismo, que nace como una tradición ascética y ética, en cualquiera de sus
escuelas, considera este tema de la interdependencia con mayor precisión y atención
debido, posiblemente, a que el tema de la causalidad en sus distintas dimensiones es una
de sus tres doctrinas fundamentalesiii, junto con la de la relatividadiv
Mircea Eliade, en su obra Imágenes y Símbolosv, nos refiere las connotaciones de este
triple simbolismo, con remisión a los símbolos de la unidad múltiple, interconexión,
atadura, nudos, etc.
Dado que el entendimiento de las enseñanzas orientales acerca de la unidad es
escasamente comprendido por una cultura centrada en los aspectos más superficiales de
la persona y de la materia, es decir, arraigados en el “reino de la cantidad”, las
implicancias de las interdependencias se distorsionan al punto de omitirse. A su vez, la
desconsideración de los intersticios que articulan la unidad en la multiplicidad, captados
por la razón especulativa de un “mundo moderno”, da lugar a la clase de confusiones
que, entre otros, David Loy intenta despejar.
Este autor analiza los márgenes del condicionamiento y la libertad dentro de la
dinámica de lo múltiple y expresa que “…Desde una perspectiva habitual, nosotros
inferiríamos que la posición budista implica un determinismo absoluto, mientras que la
segunda posición vedántica supone una libertad absoluta pero, si el universo es una
totalidad (Brahman, Tao, vijñaptimâtratyâ, etcétera) y, como sugiere el budismo huayen
con su imagen de la red de Indra, no existe fenómeno aislado sino que cada
particular contiene, al tiempo que manifiesta, la totalidad y dondequiera que haya un
“yo” que actúe, no es el “yo” sino el universo entero el que actúa o, mejor dicho, no hay
mas que acción. Si aceptamos, pues, que el universo no depende de causa externa
alguna, e entonces hay que concluir la libertad inherente a todas y cada una de sus
acciones. Es por esto por lo que desde la perspectiva no dual, hablar de determinismo
absoluto es lo mismo que hablar de libertad absoluta…”vi
A su vez, una lectura moderna y profunda, que no tema a la intensidad ni la confunda
con la densidad, rescata las reflexiones conjuntas de Capra, David Steindl-Rast y
Thomas Matus.
Estos pensadores recuerdan la diferencia entre la apropiación del
mundo, como concepto de posesión y poder, y aquel de pertenencia a él. Estos autores
agregan que cuidar no es explotar, Dios, “…Nos coloca en el Jardín para atenderlo y
cuidarlo. Ahí viene el sentido de responsabilidad. El punto central de este pasaje es que
se trata de una mayordomía más que de una dominación explotadora.
Desafortunadamente, el libro del Génesis ha sido mal interpretado y mal utilizado para
justificar un montón de cosas destructivas…”vii
Todas estas nociones son solidarias en indicar la unidad de la vida bajo todas sus
formas. A su vez, esta unidad múltiple implica el principio metafísico según el cual, una
acción o causa instalada en alguna zona de la “red”, produce un efecto en otra, al estilo
de la mariposa de Tokio, implicando consecuentemente a los principios de resonancia y
repercusión.
Dicho de otra manera no hay acción sin reacción y todas las causas vertidas
sobre la naturaleza en el plano tanto biológico como social tendrán sus efectos.
Desde otra perspectiva, el símbolo de la red de Indra encuentra solidaridad con los
ideales estoicos de la ciudad universal, tal como aparece en Sénecaviii; este ideal forjó la
noción de imperium no como dominio político - económico (esto es secundario) sino
cumplimiento de la universalidad del ser humano.
En el marco cristiano, aquel entramado cósmicamente solidario de la red es,
precisamente, la noción de kata - holon: lo católico es lo que está por encima de la
totalidad, otorgándole un sentido renovado en Cristoix.
El hombre moderno que en las últimas dos décadas se ha estado familiarizando
extensivamente con los mitos y símbolos de Oriente parece, sin embargo, desconocer
las consecuencias concretas de aquellos principios y enseñanzas que tanto lo atraen e
inspiran.
En efecto, nos hallamos ante una modificación epistemológica y cognitiva de
la ciencia newtoniana. Sin embargo, aunque el paradigma de conocimiento de ciencia y
técnica pueda estar afectado por una modificación dentro de una línea de mayor
flexibilidad, ésta última no debería constituirse en confusión, en el sentido vedantino de
sobreimposición. La revisión de los caracteres que definirían los nuevos parámetros de
la comprensión científica habrá de decantarse a partir de prolongadas conversaciones e
intercambios interdisciplinarios que incluyan la humildad y la apertura.
El pecado
constante del hombre es la soberbia y es preciso insistir en la humildad una y otra vez.
Si realmente se comprendieran en toda su dimensión el tema de los efectos, por
ejemplo, en el plano ecológico, sin duda el hombre se vería forzado a tomar otro tipo de
decisiones y acciones sobre la naturalezax
En la India, según refieren Maillard y Pujol, la conciencia de unidad ha pervivido hasta
la epoca contemporánea y su reflejo se encuentra, por ejemplo, en el ritual cotidiano,
aun así, la globalidad se extiende y poderosas pautas de tradición y protección se están
viendo desplazadasxi.
Cabria preguntarse que sucede, cual es el motivo por el cual el hombre que sabe
intelectualmente o esta informado de determinadas consecuencias es, por otra parte,
incapaz de accionar apropiadamente para prevenirlas.
Como intentamos señalar, una de las respuestas debería orientarse por el lado del
quiebre metafísico del hombre, que entre sus grietas ha perdido de vista el orden
cósmico, base de la noción de interdependencia; y con él, como ya se ha comentado, la
concepción de pertenencia que ha sido sustituida por el intento de dominio.
Los efectos principales se vierten sobre tres campos: el hombre con su interioridad, su
relación con la naturaleza y las consecuencias sociales que ello convoca:
a) El hombre post moderno que tiende a descuidar, u olvidar, su interioridad;
b) La desconsideración de factores biológicos en las decisiones relativas a la naturaleza,
y que hacen a la posibilidad concreta de la vidaxii
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c) La misma desconsideración referida al hombre, en tanto habitante natural del
planeta, el consiguiente planteo ético, y sus consecuencias socio económicas.
Dentro del Budismo Tibetano, el Dalai Lama insiste reiteradamente en la necesidad de
que el hombre experimente sus capacidades inteligibles en toda su apertura, abriendo
“las puertas de la percepción” mucho más allá del mundo de lo inmediato y de las
apariencias; por consiguiente, ha hecho una extensiva referencia al principio de
interdependencia, el cual puede considerarse la versión o traducción filosófica y
moderna del símbolo de la red o entramado, insistiendo en la responsabilidad universal
“…Sí es cierto que, habida cuenta de la naturaleza ampliamente interdependiente de la
realidad, nuestra distinción habitual entre el yo y el otro es en cierta medida una
exageración insostenible, y si sobre esa base no me equivoco cuando doy a entender que
nuestro objetivo debiera ser la ampliación de tuesta compasión hacia todos los demás,
resulta imposible evitar la conclusión de que la compasión, que lleva implícita la
conducta ética, es algo que pertenece por derecho propio al meollo mismo de todos
nuestros actos, tanto individuales como sociales….(y) también pertenece por derecho
propio al campo de la política…”xiii
Por otra parte, el hombre occidental está instalado sobre el discurso de la globalidad. La
noción de globalidad parecería constituirse, éticamente, en la sombra de la idea de
interdependencia.
En efecto, el concepto de globalidad, de naturaleza socio
económicoxiv también considera el principio de interconexión pero con dos graves
diferencias, la primera de ellas relacionada con lo superficial y la segunda con lo
particular. El hombre global comprende la idea de unificación o de unión en lo que
podríamos denominar un marco teórico material que, considerado desde lo metafísico,
queda claramente insuficiente; esto es, referidos solamente al plano de la materia y de
las coordenadas espacio temporales. En segundo lugar, entiende la idea de orden socioeconómico
a partir de los intereses particulares, por lo cual en realidad, no se enfoca
tanto en generar un orden sino en evitar un desorden que lo perjudique particularmente.
Así provoca inevitablemente desestabilizaciones fragmentadas que, en última instancia,
son perjudiciales para el todo. Concatenadamente, tal consecuencia no resulta evidente
en la perspectiva global porque, al modo de un dragón que come su propia cola, gira en
su propio circuito y no atiende en realidad los mismos principios y fundamentos de la
unidad en un sentido profundo y metafísico. Un ejemplo claro de esta situación es el
incremento de velocidad en las intercomunicación y como, por ejemplo, la velocidad de
estas pueden afectar más allá de lo positivo o negativo, (ya que este seria un plano de
referencia relativo) el mundo bursátil, de las inversiones valores y demás.
Estas repercusiones están siendo analizadas con mayor preocupación por académicos de
distintas disciplinas. El tema de las comunicaciones es analizado, entre otros, por la
Prof. Vázquez Rocca y el bursátil por el Dr. Capra, quien disertó largamente sobre el
tema en un documental televisivo. Por su parte, la Prof. Liliana Vázquez Roccaxv ofrece
un sugestivo e inspirador artículo en el cual observa como los ecos de la globalización
se deben leer como el “fin del cosmopolitismo y el surgimiento del provincianismo
global” que convoca una reconfiguración de hombre, su identidad, su formación y sus
espacios vitales esenciales. Tal descripción, aunque precisa, no deja de ser ominosa; la
historia de la Humanidad ha comprobado reiteradamente que cada vez que el
provincionalismo vence, instala al mismo tiempo la antesala del derrumbexvi.
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Estos análisis han sido extensamente explorados y conocidos desde hace dos décadas,
incluso y como hemos visto, a partir de la física cuántica lo que constituye una curiosa
aproximación al asunto. Los análisis de ésta problemática desde la perspectiva de
ciencias duras o aparentemente duras, como podría ser la física quántica, no constituyen
el lenguaje adecuado para formular estos problemas, aunque si los más atractivos para
una audiencia moderna.
Sin embargo, ello no ha impedido la extensión superficial de la concreción práctica
de la globalidad, y su mirada estrecha que sólo tiene en cuenta algunos factores de
orden más bien formal, dentro del marco restringido que tiene que ver con los intereses
parcialesxvii.
Es necesario, meditar y advertir sobre los efectos cercanos y lejanos, a fin de corregir
los principios. Como expresa un precepto budista: “Es la naturaleza de las cosas que si
las causas no se modifican, los efectos tampoco” Ahora bien, ¿el efecto queda limitado
solamente a lo económico? Pues no, como todos sabemos, las consecuencias
secundarias de los grandes movimientos económicos inciden directamente en los grupos
sociales, su capacidad de trabajo y finalmente, en su calidad de vida, con lo cual el
efecto que era horizontal y dentro de una determinada dimensión se extiende a otrasxviii.
Uno de los tantos ejemplos que podrían citarse, lo constituye las conclusiones del Foro
Social Asiático reunido en Enero del 2003, donde se observa como el proceso de
globalización agrava aun más la marginación de los intocables, ahora llamados dalit, en
India y Sudeste Asiáticoxix
Este punto que implica el beneficio de ciertos sectores a costa de otros esta
desconsiderando la unidad intrínseca de la vida y viola directamente el principio hindú
que expresa que “no hay apropiación sin violencia”xx con lo cual este tipo de
mecanismos, más allá de las perspectivas políticas que se consideren, afecta
directamente la posibilidad de paz y convivencia pacifica.
A ello hay que agregar otras
consecuencias críticas que tienen que ver con la ecología, el clima y el supuestamente
consabido tema del calentamiento global según lo explicara recientemente la
Conferencia de Paris de Febrero del 2007, así como la reunión de Diciembre del mismo
año.
Como ya se señaló, el hombre moderno encuentra dificultades en vincular los “mundos
invisibles” con los “mundos visibles”, o dicho en términos platónicos, el mundo ideal
con el sensible. En vez de observar la natural continuidad entre uno y otro, los considera
dimensiones ajenas entre si, “salta” entre uno y otro, luego, ignora la inmediata
consecuencia entre sus principios éticos internos y su acción concreta externa. Es ésta
misma dificultad la que deriva en un defasaje interpretativo de la globalidad, el cual ha
impedido, colateralmente, que este fenómeno “global” ancle apropiadamente en la
interdependencia, que debería ser su base natural ontológica. Una de las causas de este
defasaje interpretativo puede estar relacionada con ciertas convenciones acerca de la
libertad política. O socio política.
Esto es, mientras que el exterior global manifiesta una
cierta o pretendida unidad económica, alienta, genera, provoca a partir de determinados
beneficios particulares, que las demarcaciones políticas que entienden la libertad
discrecionalmentexxi, olvidan la defensa de la cosa pública que es su obligación natural.
Dicho de otra manera, los intereses globales desconocen lealtades sociales y geográficas
y la política que debería defender a sus representantes se pierde en este punto. En este
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sentido es interesante tener en cuenta las reflexiones de teóricos de la política quienes
observan agudamente la necesidad de retornar al orden cósmico, tal el caso de Eric
Voegelin y otrosxxii
Deberíamos preguntarnos entonces, estas dos nociones, globalidad e interdependencias,
son realmente equivalentes? O acaso hay una diferencia entre ellas, cual es esta
diferencia y cómo se podría subsanar. Como ya señalamos, y tal como está planteada la
situación concreta, la globalidad se presenta como una sombra o reflejo debilitado de la
interdependencia. Y, mientras que la noción de interdependencia abarca tanto los
planos horizontales de la vida, como las diferentes esferas que atañen al hombre, e
incluye además otras dimensiones o planos de ser, especialmente en el dominio de lo no
visible o en el plano concreto de la energía, nivel en el que se ponen en juego los
aspectos más ligados a la noción metafísica de entramado, que es aquella que refleja el
arquetipo de la red de Indra y que se vuelca en lo concreto en el principio de
interdependencia.
Otro detalle que debe considerarse ante quienes, ingenuamente o no, adhieren a la
globalidad por su aspecto aparentemente unitario o su perfil de unidad y las
idealizaciones de paz que ello puedan generar es aclarar que así como la unión no es
uniformidadxxiii, la integración implica articulación; esto es se implica un orden
jerárquico al cual nos hemos referido en diversos momentos, modernamente es el tema
de la totalidad y el orden implicado: diferenciar no es separarxxiv….y podemos tomar
como ejemplo el antiguo sistema hindú del varnasramadharma, incorrectamente
comprendido como un sistema de castasxxv, que alienta, por otra parte, el desarrollo de
la naturaleza propia de cada individuo, lugar único para un desarrollo eficazxxvi
Deberemos preguntarnos cuales serian los puntos de apoyo que logren acercar ambos
conceptos entre si y, aunque puedan surgir muchas respuestas, todas ellas arraigan de un
modo u otro en el tema de la educaciónxxvii. Como consecuencia de ésta, una madura y
generosa reflexión sobre la responsabilidad hacia todas las áreas y seres de la vida. Este
tema ha sido, como dijimos, particularmente enfatizado desde el budismo en razón a
que es en si mismo una cosmovisión y una ética.
Y junto con la educación, la reflexión sobre la libertad y la responsabilidad del hombre
como espíritu viviente, a la vez que como persona, recordando que “una persona se
define por la relación con los demás….y significa que mi crecimiento personal no
impide el tuyo”xxviii Responsabilidad como capacidad de ofrecer una respuesta
adecuadaxxix, aunque tal vez para esto sea necesario abrevar en las antiguas sabidurías
que no desconocían ni olvidaban la “unidad de la vida bajo todas sus formas”xxx; tal el
discurso del Príncipe de Gales en ocasión de un proyecto educativoxxxi.
Es el hombre
moderno el que ha olvidado el principio de pertenencia “lo apropiado de la respuesta no
es cuestión para la mayoría de las otras especies, porque ellas tienen la respuesta
apropiada. No hay nada inapropiado en la manera en que los pájaros y las plantas
responden al medio. Pero una respuesta humana puede ser inapropiada, porque tenemos
una conciencia que fija objetivos, y con ella, esta capacidad de destruir la naturaleza y
así a nosotros mismos…”xxxii
Por su parte y desde el análisis filosófico en la perspectiva de la tradición de la India
clásica, el tema debe considerarse bajo la noción de karma colectivo, noción que
recupera y resalta la vigencia de principios centrales.
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Y la misma idea de karma colectivo o de fuerza de causalidad general, es entendida en
sus formas más rigurosas en relación a la interioridad de las motivaciones y no a la
externalidad de los efectos transitorios. Expresa Radhakrishnan que “…El proceso del
mundo está asociado a un crecimiento conciente y, del mismo modo, la fuerza de la
causalidad está relacionada con la motivación interna.
El crecimiento orgánico sigue las
leyes del devenir: el pasado es atraído al flujo actuante en el presente y la dificultad de
la visión externa de la causalidad se debe al hecho de que en el mundo externo nuestro
conocimiento está confinado a las relaciones de los fenómenos. (Sin embargo) en
nuestra conciencia mas profunda sabemos que es nuestra voluntad la que determina
nuestro actos…”xxxiii. Así, el tema central será la motivación que guía los procesos
colectivos y, a menos que esta motivación tenga en cuenta aspectos supra individuales y
metafísicos, las consecuencias serán caóticas y negativas. En consonancia con las
enseñanzas indias, debemos insistir que las motivaciones egoístas arraigan en la
ignorancia del ser.
Lo antiguo, a diferencia de lo viejo, mantiene su vigencia y no perime.
Quizás, el
recuerdo de lo tradicional equilibre la tensión que genera “la tiranía de lo efímero”; en
este contexto o bajo esta perspectiva, la consideración de los principios espirituales no
inhabilita la acción material sino que, por el contrario, la contemplación de aquello que
trasciende las apariencias y que busca un sentido en el flujo caótico puede ofrecer
orden, significación y sentido, iluminando de este modo una ética más que global,
interdependiente.
Los mitos y los símbolos representan ideales, no fantasías, razón por la cual se
constituyen en fuente de inspiración. Los símbolos y los mitos ofrecen todo su poder
para vadear el abismo, y para transitar el puente que separa distintos planos de realidad
olvidados por el materialismo moderno, con el objetivo de poner en clara evidencia la
dimensión ética que requiere la articulación de la unidad de la vida en todas sus formas.
Por lo tanto y una vez más, el camino del conocimiento, particularmente en su sentido
antiguo y oriental, es decir, metafísico y ontológico, prueba ser eficaz en nuestra actual
interpretación del mundo, de las relaciones humanas y, en definitiva, en la generación
de condiciones bajo las cuales pueda florecer la vida así como manifestar los principios
espirituales universales que den lugar a fortalecer la paz en el mundo.
Dicho de otra manera, las consideraciones míticas, tales como las que nos propone el
símbolo que dio lugar a estas reflexiones, sus consecuencias metafísicas, éticas y
rituales, tales como la unidad, los ideales, la sabiduría, el don, la responsabilidad,
puedan revertir consecuencias nefastas en dinámicas reparadoras en atención a la
presencia tangible y concreta del Alma del Mundo.
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