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La
India insiste en mostrar que el síntoma inmediato de la situación
humana es el dolor, arraigado en la ignorancia de la realidad
esencial.
Por esta ignorancia,
el hombre confunde su verdadera naturaleza -que es el espíritu
único- y se pierde a sí mismo en la actividad mundana, enredado en
lazos finalmente irreales y pasajeros, de una existencia tenue
reducida a sus expresiones materiales y psicológicas. Sin embargo,
esta situación dolorosa es fácilmente transcendida cuando se
reflexiona en la antigua enseñanza que indica: .”..lo que esta lleno
de dolor, esta vacío de realidad...” (MBH).
Bajo la forma
exterior de un maestro y su discípulo, los diálogos clásicos de la
literatura hindú, esconden la interacción y la tensión entre los dos
niveles del alma: el alma superior o atman-brahman, siempre libre,
mas allá de los conflictos del egoísmo y del individualismo, y el
alma inferior, volcada hacia el mundo común, dispersa en el espacio
y el tiempo, atada a la causa y el efecto (karma) e inevitablemente
sumida en el dolor y en el despropósito al identificarse con la
falsa consideración de un yo histórico.
El debate filosófico
aguza la conciencia en búsqueda de respuestas internas. La
conciencia última, encarnada en el maestro, infunde ánimo en su
discípulo y lo impele a comprender qué hay mas allá de sus
circunstancias, lo empuja a ver en su si mismo, esta misma
conciencia única y una, hecha de luz, infinitamente libre, que
habita por siempre en el corazón de todos los seres, y así le dice:
“... Abandona la acción, calma la inquietud por lo que no es. Soy
por siempre el brahman supremo y mi esencia es la libertad...”.
Traducción completa y
directa del texto integro del Upadeshasahasri, con introducción y
notas.
Imagen de
tapa:
Kamakshi del templo de Kañci.
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